Corazón de Rey
Génesis 37: 6-8
“…pues les dijo: —Préstenme
atención, que les voy a contar lo que he soñado. Estábamos todos
nosotros en el campo atando gavillas. De pronto, mi gavilla se
levantó y quedó erguida, mientras que las de ustedes se juntaron
alrededor de la mía y le hicieron reverencias.
Sus hermanos replicaron: — ¿De
veras crees que vas a reinar sobre nosotros, y que nos vas a
someter? Y lo odiaron aún más por los sueños que él les
contaba.”
Cuatro principios para ser un
conquistador.
1-Debo
empezar por el final.
José vio el final al comienzo de su vida. Cuando tenía quince
o dieciséis años soñó que iba a gobernar.
Dios empieza por el final.
Hasta no ver el final nunca comenzará tu
principio.
El
principio no empieza en enero sino cuando vemos diciembre, si vimos
diciembre comenzará enero.
Mucha gente no vio su final por eso nunca comienza nada.
Cuando José vio el final Dios le dijo: “OK, comenzaremos a
trabajar.”
Cuando Dios nos muestra el sueño (en cualquier área de la vida) y lo
vemos cumplido, recién ahí comienza a correr el reloj de Dios.
Planifica tu final y cuando esté en el corazón comenzarás a caminar
hacia tu destino.
No comiences sin la revelación final.
Al
recibir a Jesús en nuestro corazón, perdonó nuestros pecados y Dios
nos mostró el final: un día viviremos con Él, le serviremos y
adoraremos, Él reinará sobre todo pueblo y nación y nosotros
gobernaremos con él.
Jesús ya sabía su final, no murió en la cruz cuando dijo: “Consumado
es”.
El final es tu destino.
Mucha gente planifica el principio sin conocer su final.
Debes ver bien claro y detallado el final de tus negocios, tus
sueños económicos, vocacionales, espirituales, los viajes que
realizarás.
José supo que iba a gobernar cuando soñó con unas gavillas y vio la
suya erguida y las demás que se inclinaban hacia ella. Cuando reveló
el sueño a sus hermanos, lo odiaron aún más y lo tiraron a un pozo,
pero José no se deprimió porque el pozo no era su final.
Tu destino no es el camino.
-“Pastor, tengo un gran sueño pero no tengo un peso.” ¿No tenés
dinero? Eso es Camino.
“Estoy enfermo.” Eso es Camino.
“Todos me rechazan.” Eso es Camino.
“Gané una fortuna.” Eso es Destino.
“Llegué a la cima.” Eso es Destino.
“Mi familia se entregó completa.” Eso es Destino.
No confundas camino con destino.
No llores por el camino
porque te lleva al destino.
Camino no es el final.
Todo lo que ocurre en el camino es circunstancial y promueve al
destino.
José se cayó en el pozo y no lloró, fue sirviente y, mientras
limpiaba, decía: “éste no es mi destino”. Lo llevaron a la cárcel y
declaró: “La cárcel es el camino no mi destino.” La esposa de
Potifar lo tentó, fue camino, y José salió corriendo desnudo.
Si
alguien te odia es porque tu destino está claro.
No
subestimes al que es odiado porque sabe adonde va. Odio no detiene
porque es una circunstancia en el camino.
El camino no destruye a los cristianos porque Dios ordena nuestros
pasos en el camino que andamos, y “Somos
como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es
perfecto.”
Empezar por el final: destino es lo primero.
En
dos minutos nos damos cuenta, cuando hablamos con una persona, si
tiene claro su destino. Cuando le preguntamos:
-¿Qué es lo que quieres lograr?
-“Bueno… –responde-, yo quiero que en mi casa haya amor, más amor,
mucho amor.”
-“Y, ¿cómo medís eso?”
Si no
hay manera de medirlo, la persona no tiene claro su destino.
-“Quiero tener una empresa con ciento veinte empleados y exportar a
todo el mundo.”
Ese destino sí está claro, y aunque lleguen burlas y odios todo lo
que ocurra será parte del camino.
Dios ya nos ha predestinado
desde antes de la fundación del mundo, eligió los sueños
y los puso adelante: “Este es tu destino”.
Mucha gente vio el avivamiento como nosotros, empezamos por el
final, y a veces nos faltan palabras para conducir a otros y que lo
vean también.
Dios hablará a través de los sueños (como a José) o con palabras,
como le habló a Moisés: “Quiero que liberes a mi pueblo de Egipto”,
o a Gedeón.
Dios siempre comienza por el final.
2-
Debo tener nobleza de corazón.
Ser
noble, es ser una buena persona.
La gavilla de José quedaba erguida, pero Dios primero lo quebró
metiéndolo en el pozo, siendo sirviente y estando en la cárcel.
José se inclinó y dijo: “Dependo de vos, Señor”, y recién después,
fue erguido.
La gente noble es la que supo estar inclinada o erguida, es la que
conoce al Señor.
Todos hemos visto a personas que se “la creyeron”, que fueron pobres
y cuando alcanzaron “algo” se agrandaron, alardeando por tener un
coche, mostrando una superioridad ficticia. O aquellos que son
nombrados “líderes” y comienzan a maltratar a otros exigiendo lo que
ni ellos mismos hacen; quieren estar en autoridad y ellos jamás se
inclinaron, y se enorgullecen de sus conexiones, de “conocer gente
importante”, porque siempre quisieron estar en autoridad. Dios
humillará a los que quieran estar erguidos, porque
al soberbio Dios lo humilla y al humilde lo exalta.
Destino claro + nobleza = reconocimiento.
Los
hermanos de José tuvieron envidia al oír el sueño.
En
la tierra hay dos tipos de personas: los que sueñan y los que
envidian.
-Los que envidian nunca logran nada porque mataron a los que sueñan,
y
-Los que sueñan son los que pueden guiar en el camino a los que aún
no salieron.
Nunca envidies a un rico (“Mmm…Vaya a saber de dónde sacó el
dinero), porque matas la posibilidad de que te enseñe el camino
para llegar a tu destino.
Si te inspiras -sin idealizar- en el que llegó a su destino, esa
persona te indicará cómo alcanzar lo que quieres.
Nunca tengas envidia ni de los
malos, dice la Biblia.
Antes de erguir a José, Dios le enseñó a estar inclinado.
Si nos ponemos rígidos, juzgamos y condenamos a los demás, algo
ocurrirá para aprender misericordia y humillación.
3-
Debo tener palabras de fe.
Con una palabra de fe somos indestructibles.
Los cristianos vemos lo que oímos de parte de Dios.
Jesús hablaba por parábolas, o sea historias en las que estaban
escondidas las palabras de revelación. Los fariseos, los
legalistas, escuchaban las historias pero no las creían y Jesús
dijo: “Si hablo por parábolas es para que los niños la entiendan y
no “esos grandotes”.
Dios esconde las palabras de fe en lo sencillo.
Escondió todas sus palabras en un carpintero que era la Palabra de
Dios y ahora, ese carpintero, está escondido en tu interior.
Si hay gente que te desprecia, no te valora es porque no saben qué
tenés dentro, que la vida, el poder, el tesoro están escondidos en
un vaso de barro: vos.
Te han subestimado como subestimaron al carpintero, pero las
palabras (tarde o temprano) saldrán de tu vida y te llevarán a tu
destino.
Dios es el Padre de Jesús y Jesús es Dios.
La palabra “papá” quiere decir fuente.
Dios “dijo”, la Palabra.
La Palabra salió de Dios, la palabra es Dios.
Dios es Padre, la fuente de la Palabra que salió de Él; por eso la
Biblia dice que “Dios es el
padre de la Creación y el mundo salió
de Él”.
Dios es el Padre (la fuente) y lo que estaba en El salió de El,
“Dios dijo”.
Cuando dice: “Y la Palabra
salió de mí”, se refiere a Jesús.
En todo el Antiguo Testamento dice: “vino
la Palabra de Jehová sobre… “Ese era Jesús.
Cuando en Génesis dice: “Dios
dijo: Sea la luz”,
ese “dijo”, es
Jesús, porque Jesús salió de Dios, Jesús es Dios, es la Palabra.
El Espíritu Santo es el espíritu de Dios, que es Dios.
Dios Padre dijo la Palabra: “Sea
la luz”,
y el espíritu hizo la
luz. El Espíritu Santo obedece la palabra que sale
del Padre y le ordena moverse.
Cuando decimos: “Señor, mirá mi pobreza”, “No soy nada.”
Dios nos dice: “Yo no dije eso”.
La Palabra dice: “Yo no dije eso”.
Y el Espíritu Santo se queda quieto.
En
cambio, cuando decimos: “Estoy pobre pero prosperaré, porque vos
dijiste Señor que me darías más abundantemente de lo que espero.”
Entonces el Padre dice: “Yo dije eso.”
La Palabra (Jesús) dice: “Yo dije eso.”
Y el Espíritu Santo ayuda y prosperamos.
El
Espíritu Santo nos enseña a orar y hablar el lenguaje de Dios.
Muchas veces nos golpea, reta, exhorta, pero otras tantas nos habla
al oído para comprender su revelación.
Cuando Jesús entró en nuestro corazón, alguien sembró una palabra en
cada uno. Por eso evangelizar es tan poderoso, porque
hablamos, llevamos a Jesús y consigo al Padre y al Espíritu Santo
que nos acompañarán a todo lugar donde vayamos (si estoy en el pozo
somos cuatro).
Sembramos la Palabra y la persona no entiende que
los tres, son uno; tres pero uno;
un
Dios en tres pero
uno y que siempre irán con ella.
4-
Mis palabras marcarán la altura adonde llegaré.
Nuestras palabras deben ser de fe, para que el Padre y el Hijo
digan: “Yo lo dije”
y el Espíritu Santo diga: “Si
lo dijeron entonces, será hecho.”
Hablá las promesas de Dios:
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece;
Nada me separará
del amor de Dios.
¡Cuidado con lo que hablas! No hables palabras vanas y huecas.
Vanidad significa sin propósito, sin destino.
Los
hermanos de José no soñaron su final, de lo contrario Dios se lo
hubiese dado, pero hablaron envidia y odio.
En
el Antiguo Testamento se conoce al enemigo como Satanás, y en el
Nuevo Testamento como dia-bolos: “el que habla”.
Jesús trajo esa revelación de Satanás. “El que habla”, “el
adversario”, el que sembrará una palabra mentirosa para robar una
palabra de fe.
Jesús dijo que debíamos entender la parábola de la semilla, del
trigo y la cizaña, significando que todos tenemos la cizaña adentro.
La cizaña no es la gente sino son las palabras que están mezcladas
con el trigo, con las palabras de fe en nuestra mente.
Escuchamos una palabra de fe pero alguien sembró una cizaña: “¿Que
lo vas a hacer vos?”, una palabra en contra.
Debemos saber que la cizaña, todas las maldiciones, tienen que ser
arrancadas de nuestra vida: “No lo vas a lograr”, “No podes”, “Vivís
lejos”, “Hace frío”.
Saúl buscaba tres burros que se le habían perdido, y se encontró con
Samuel quien lo invitó a comer en un lugar especial.
Esto deja una enseñanza:
1º-
“SOS importante.”
Lo
primero que Dios te dirá cuando te encuentre es que hay un lugar
especial reservado para vos porque no SOS basura, y lo preparó para
que te sientes con El.
Una vez ofrecieron a Billy Graham ser presidente de los Estados
Unidos y respondió: “No voy a rebajar mi condición.” Él sabe dónde
está sentado.
Hay un lugar especial en la cabecera de la mesa del rey esperándote
porque SOS importante.
2º-
“Sos digno de abundancia.”
Le
llevaron a Saúl un trozo de carne, no entendía nada, pero comió
hasta saciarse.
Dios te dará más abundantemente hasta saciarte en todo: la salud, la
economía.
No subestimes el poder de Dios, pedí en grande y te dará en
abundancia.
La bendición de Jehová es la
que enriquece y no añade tristeza con ella.
Si Dios te prosperó no preguntes cómo multiplicar tu riqueza; si te
dijeron “no”, Dios te dice “si”.
3º-
“Sos amado.”
“Samuel lo besó.” Besa al Señor y recibí su amor. Dios te ama y el
Espíritu Santo te lo revelará; estás hecho a la imagen de Dios, SOS
importante, y si alguien te aplaude recibí el reconocimiento sin
olvidar que SOS amado.
4º-
“SOS ungido con aceite.”
Saúl no sabía que lo ungirían, se encontró comiendo hasta saciarse y
de pronto, el profeta lo ungió, lo besó y le dijo: “Goberná mi
pueblo, porque mi sueño ha sido tu sueño y has latido con mi
corazón, todo anhelo de tu corazón te lo daré.
Goberná el pueblo de Dios, Dios te ha dado su sueño y para eso te ha
ungido.
Abraza su corazón,
estuviste buscando burros pero Dios te sorprendió y te llamó para
cosas grandes, te ungió para que abraces Su corazón.
Saúl
estaba buscando burros y Dios lo hizo príncipe.
“Soñaste muchas cosas que no eran las mías, pero un día aparecí en
tu camino y puse mi corazón en el tuyo, te daré de a miles y los
gobernarás con la unción que hoy te doy.”
Recibí la unción en tus
manos, sos importante para Dios, acordate que sos un príncipe amado
y bendecido.”
Y
el profeta lo ungió y le mostró su final, le dijo: “Cuando salgas,
encontrarás dos personas que encontraron tus burros, y otros tres te
darán pan (el pan de la palabra, de la revelación) y luego, te
encontrarás con un grupo de profetas que profetizarán, harás un
sacrificio y todo lo que te
propongas lo lograrás.”